Los beneficios de dibujar a diario

By Carolina Avendano | 6 de diciembre de 2021
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Dibujar a diario puede ayudarte a alcanzar la claridad mental y una mayor apreciación del entorno que te rodea. (Imagen: MESSALA CIULLA vía Pexels)

Crear arte puede parecer una tarea abrumadora para aquellos que no han desarrollado habilidades artísticas desde la infancia. De hecho, nadie duda de que algunas personas son naturalmente mejores para hacer arte que otras. Para la persona promedio que está ocupada con el trabajo y los asuntos de la vida diaria, aprender a hacer cualquier tipo de arte puede ser uno de esos elementos en su lista de deseos, que no tienen tiempo o motivación suficiente para seguir. 

Sin embargo, puede haber una causa subyacente para esta falta de acción hacia el arte. Entre la comunidad de artistas, existe un fenómeno conocido como «el miedo a crear arte». Este sentimiento tiene sus raíces en la aversión al fracaso y da como resultado un conflicto interno entre el deseo y el miedo de hacer lo mismo. Esto, en última instancia, puede eliminar cualquier pizca de confianza en el individuo, quizás impidiéndole crear una obra de arte que nadie más que él podría hacer. 

Pero el “miedo a crear arte” no solo afecta a los artistas profesionales. Su apariencia más básica se manifiesta en las palabras «no soy bueno en el arte», «soy de cerebro izquierdo», «soy una persona muy dura» o simplemente «no puedo dibujar». Si bien el arte abarca una amplia gama de técnicas y formas, este artículo se centrará en la forma más sencilla y asequible de crear arte: el dibujo.

Existe la creencia común de que uno solo puede dibujar si se le da bien. Así, a quienes no tienen esta “habilidad” se les niega la oportunidad de expresarse a través de un lenguaje que ofrece más flexibilidad y menos limitaciones en comparación con la palabra escrita o hablada. Sin embargo, este marco de pensamiento no se aplica al lenguaje verbal. Ralph Ammer, profesor de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Munich, dijo en su Ted Talk en 2018: “Nadie diría: -Bueno, esto simplemente no salió como un poema. No debería hablar». De la misma forma, solo porque nuestro dibujo no parezca una obra maestra, no debemos dejar de dibujar. 

Entonces, ¿por qué hay que dibujar? Según un estudio, el cerebro humano tiene alrededor de un pensamiento por segundo en cada hora de vigilia. Es decir, son unos 60.000 al día. Semejante afluencia de información corre libremente por nuestro cerebro y, si no se gestiona conscientemente, puede provocar una sobrecarga. El dibujo se presenta como una herramienta para organizar el pensamiento. En el proceso de dibujar nuestros pensamientos, nos vemos obligados a observar lo que hay en nuestra mente, crear conexiones y ponerlas por escrito. El proceso puede ser arduo y puede llevar varios intentos, pero si nos esforzamos y ponemos el empeño en desentrañar el funcionamiento de nuestra mente, es probable que obtengamos un grado de claridad y comprensión que la mera actividad del pensamiento no podría alcanzar fácilmente. Como dice el Sr. Ammer: «De hecho, tengo una regla: si no puedo dibujar algo, probablemente aún no lo he entendido».

Dibujar no solo sirve para ayudarnos a comprender lo que sucede en nuestra cabeza, sino que también nos impulsa a observar verdaderamente nuestro entorno. En el proceso de ilustrar a partir de la observación, se nos invita a hacer una pausa y tomarnos un tiempo para ver cuidadosamente qué hace que un objeto o lugar sea único. Al definir las formas exteriores, la forma en que la luz y la sombra interactúan en las superficies y la textura de los objetos; somos capaces de apreciar los detalles que de otro modo pasarían desapercibidos, registrar información más duradera en nuestro cerebro sobre los objetos y, en última instancia, situarnos en el mundo. Luego, para hacer que los recuerdos especiales duren más, se podría intentar reemplazar la cámara con un bolígrafo y una hoja de papel. Al dibujar un momento o escenario especial, podremos notar y captar particularidades que pueden pasarse por alto en una fotografía.

El dibujo no solo apoya nuestra comprensión de nuestro mundo interno y externo. Según un estudio del Centro Nacional de Información Biotecnológica, el dibujo nos permite pensar de formas alternativas y producir nuevos conocimientos. También refuerza nuestra capacidad para concentrarnos, e igualmente importante, nuestra capacidad para relajarnos. Beneficia nuestra coordinación mano-ojo y también promueve un mayor desarrollo de nuestras habilidades de comunicación. 

Ahora, para ponerlo en práctica, recordemos lo que dijo una vez el antiguo filósofo chino Lao Zi: «El viaje de mil millas comienza con un paso». Una de las mejores técnicas para incorporar el dibujo a nuestra vida diaria es llevar un cuaderno de bocetos. Esta herramienta actuará como un diario en el que puede registrar sus sentimientos y emociones, eventos de la vida y pensamientos diarios. Sin embargo, se debe cumplir una condición: se deben eliminar todas las expectativas de un «buen» dibujo. Solo convirtiendo el cuaderno de bocetos en un lugar seguro en el que todos los errores sean bienvenidos, esta poderosa herramienta podrá cumplir su propósito. 

Al abrazar la posibilidad de encarnar la creatividad, no solo nos permitimos expresar las ideas que de otro modo permanecerían atrapadas en nuestras mentes, sino que también nos damos permiso para encontrar la belleza en lo ordinario y convertir un objeto cotidiano en una página de nuestro cuaderno de bocetos.