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Registros de la existencia del ‘Tercer Ojo’

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Published: 25 de julio de 2022
Imagen ilustrativa del tercer ojo del Buda (stux Pixabay)

Por Gui Zhou

En un barrio pobre de Estambul vivía un hombre que había nacido ciego de ambos ojos. Sin embargo, gracias a su afición a la pintura, era capaz de pintar casas, montañas, lagos, rostros y montes. No solo eso, sino que podía representar con precisión el color, la sombra y la perspectiva. Todo esto dejó perplejos a los científicos. » Me quedé sin palabras», exclamó John Kennedy, psicólogo de la Universidad de Toronto, cuando lo presenció.

Este ciego es Esref Armagan y su historia fue recogida por New Scientist el 26 de enero de 2005, en un artículo titulado «Sentidos especiales: el arte de ver sin vista». Uno de sus ojos no se desarrolló más allá de un rudimentario vestigio, y el otro estaba atrofiado y con cicatrices, lo que hacía que su cerebro no pudiera detectar la luz. Pero empezó a pintar con los dedos a los 18 años y mejoró sus habilidades con el tiempo.

En un experimento, Kennedy y otros psicólogos pidieron a Armagan, que entonces tenía 51 años, que dibujara un cubo y lo girara hacia la izquierda, y luego más hacia la izquierda, una tarea difícil incluso para una persona capaz de ver. «Armagan dibujó una escena con los tres cubos. Sorprendentemente, la dibujó en perspectiva de tres puntos, mostrando una perfecta comprensión de cómo las líneas horizontales y verticales convergen en puntos imaginarios en la distancia», explica el artículo. Esto realmente sorprendió a Kennedy y a otros científicos.

Amir Amedi, neurólogo de Harvard, descubrió que el córtex visual de Armagan se activaba durante la tarea de dibujo, pero no para el recuerdo verbal. Además, su corteza visual solo se activaba ligeramente cuando imaginaba objetos que había tocado. Todo ello demostraba que funcionaba igual que una persona vidente, salvo que sus ojos no podían ver.

«Normalmente pensamos en la visión como la captación de la realidad objetiva a través de los ojos, pero, ¿es así?», afirmaba el artículo de New Scientist.

El tercer ojo

Las pruebas provenientes de otras fuentes también demostraron que se podían ver cosas más allá de los ojos. Desde septiembre de 1979, la revista china Ziran Zazhi (Nature Magazine) publicó numerosos artículos sobre niños de diversas partes de China que eran capaces de reconocer símbolos escritos e imágenes impresas colocadas en latas de plástico negras con tapas cerradas.

Estos fenómenos suelen estar relacionados con el cuerpo pineal del cerebro, que conecta la unión de las cejas en la frente. Dado que el cuerpo pineal funciona en relación con la percepción de la luz, los anatomistas modernos consideran que es un remanente vestigial de un órgano evolutivamente atrofiado o tercer ojo. A partir de experimentos, los investigadores han descubierto ahora que, en ausencia de una córnea funcional, un ratón puede seguir percibiendo la luz, lo que provoca la activación de la glándula pineal.

Esta noción se remonta al médico y filósofo griego Galeno, que creía que el cuerpo pineal estaba relacionado con el alma. El filósofo, matemático y científico francés René Descartes fue más allá, y marcó una diferencia respecto de los animales: «Descartes llegó a la conclusión de que un alma dada por Dios dota a los seres humanos de inteligencia y conciencia, y designó a la glándula pineal como la interfaz entre el cuerpo y el alma, la ‘sede del pensamiento racional'», según un artículo de la revista BMJ de 2022 titulado «La glándula pineal como fuente del alma y del tercer ojo».

Sabiduría ancestral

En el budismo y el taoísmo tradicionales, el cuerpo pineal se denominaba a menudo ojo celestial, uno que puede ver más allá de esta dimensión física. Entre las cuatro formas de diagnóstico de la medicina tradicional china —mirar, escuchar, preguntar y sentir el pulso—, la mirada se situaba en primer lugar. De hecho, algunos médicos de la antigüedad tenían habilidades supranormales y, al mirar a un paciente, podían ver su piel, sus músculos, sus órganos internos e incluso su médula ósea. Por lo tanto, podían ver la raíz de la enfermedad al instante.

Según el Shi Ji (Registros Históricos), uno de los libros de historia más respetados de China, Bian Que era capaz de ver a través del cuerpo de un paciente y decir lo que estaba mal. En una ocasión, se reunió con el rey del reino Qi y le indicó el inicio de su enfermedad. En las siguientes visitas, indicó el progreso de la enfermedad paso a paso. Pero el rey no escuchó y al final murió como Bian predijo.

El antiguo sabio Laozi (también conocido como Lao Tzu) asimismo describió la iluminación a través de la práctica de la cultivación: «Sin abrir tu puerta, puedes conocer el mundo entero. Sin mirar por tu ventana, puedes entender el camino del Tao». Además, se dice que Yang Jian, en las leyendas chinas, tenía un tercer ojo. En muchas estatuas y pinturas de Buda, hay un tercer ojo entre las cejas. Shakyamuni mencionó que en un grano de arena hay tres mil mundos, basándose en las vistas desde el tercer ojo.

En los descubrimientos arqueológicos también se observaron hallazgos similares. En la cultura Hongshan de hace 5.000 años, en la actual Mongolia Interior, había retratos con un tercer ojo entre las cejas. Otras civilizaciones antiguas, como las de Sumeria y la India, también tienen registros relacionados con el tercer ojo o cuerpo pineal.

Platón creía que el alma de una persona no solo era responsable de las necesidades básicas (como comer) y las emociones (como las funciones sensoriales), sino también de la racionalidad. Consideraba que el alma era inmortal y afirmaba que el cuerpo era su «prisión» o «tumba» temporal, porque el alma sería liberada al morir. Para él, el cuerpo pineal era mejor que diez mil ojos normales porque podía ayudar a la persona a ver la verdad.

Limitaciones de los ojos comunes

Algunas personas rechazan la idea de un tercer ojo y solo aceptan lo que perciben los ojos normales. Pero el mundo en el que vivimos está más allá de lo que nuestros ojos pueden ver. Por ejemplo, podemos ver la luz con una longitud de onda entre 380 y 700 nanómetros, que es solo una pequeña fracción del espectro electromagnético.

Los físicos modernos descubrieron que solo el 4% del universo está compuesto por todo lo que podemos ver con nuestros ojos y telescopios, desde todo el gas y el polvo intergaláctico e interestelar hasta las estrellas, los planetas y la vida. El resto es energía y materia oscura. Si negamos rotundamente las cosas que no podemos ver, no sería diferente de la parábola india en la que un ciego no puede acertar a saber cómo es un elefante solamente tocando una pata o un colmillo.

Muchos grandes científicos se han dado cuenta de ello. «Lo importante es no dejar de preguntarse. La curiosidad tiene su propia razón de ser», señaló Albert Einstein. «Uno no puede dejar de asombrarse cuando contempla los misterios de la eternidad, de la vida, de la maravillosa estructura de la realidad. Basta con que uno intente simplemente comprender un poco de este misterio cada día».

Hay muchos ejemplos de este tipo. Desde el universo hasta la vida, desde las religiones hasta las capacidades sobrenaturales, desde la civilización prehistórica hasta otras dimensiones, la sabiduría de la humanidad es muy limitada. El sistema de meridianos, por ejemplo, no se encontraba en la anatomía clásica. Pero fue confirmado por la ciencia moderna con la ayuda de los ordenadores. Li Shizhen, un gran médico de la dinastía Ming, ya lo tenía claro. «Para observar los órganos internos y los canales de los meridianos, solo podían hacerlo los que tuvieran habilidades supranormales», escribió.

Lo divino

Mientras que algunos científicos solo aceptan las cosas que la ciencia empírica demuestra que son ciertas, Einstein era más abierto de mente: «Me gusta pensar que la luna está ahí aunque no la esté viendo», dijo. En cuanto a la espiritualidad, añadió: «Quiero conocer los pensamientos de Dios; lo demás son detalles».

Esto es coherente con el mundo religioso. Tanto en el budismo como en el cristianismo, los que tienen una gran fe en el bien pueden ver milagros a veces. Del mismo modo, las experiencias cercanas a la muerte (ECM) también muestran la existencia de almas. Aunque a menudo no se informa de ellas, «tienen muchos puntos en común: no sentir dolor, ver una luz brillante al final de un túnel y otros fenómenos visuales, desprenderse del cuerpo y flotar por encima de él, o incluso volar al espacio (experiencias extracorporales)», según un artículo de Scientific American de junio de 2020 titulado «Lo que las experiencias cercanas a la muerte revelan sobre el cerebro».

El tercer ojo suele estar relacionado con los niveles morales de la persona. En la civilización Gendaya, la primera civilización según la cultura maya, los hombres tenían un tercer ojo en medio de la frente, pero este desapareció en civilizaciones posteriores.

Lo mismo ocurre con los niños. Como se mencionó anteriormente, algunos niños son capaces de ver cosas más allá de sus ojos ordinarios, a una edad temprana. Después de que son más influenciados por la sociedad moderna con el egoísmo y otras nociones, sus habilidades supranormales suelen disminuir con el tiempo.

Encontrar nuestro camino

Profetas como Nostradamus predijeron una catástrofe en 1999. Pero Jeane Dixon, una de las astrólogas estadounidenses más conocidas, afirmó que el peligro ya no existía debido a que «El Niño de Oriente» había crecido. «El mundo tal y como lo conocemos será remodelado y renovado a uno sin guerras ni sufrimiento», dijo al morir en 1997, «él reunirá a toda la humanidad en una sola fe que lo abarque todo».

Teniendo en cuenta todo el caos del mundo, también estamos viviendo una época especial de oportunidades. Siguiendo nuestro corazón y nuestra conciencia, podemos encontrar las bendiciones y la sabiduría que la humanidad ha estado esperando…

Artículo publicado originalmente en Minghui.org